Este es un trabajo NO PUBLICADO, en plena redacción. El testo de este documento pueden cambiar en cualquier momento i sin aviso. Estoi tratando de usar la ortografía que se usaba en Chile durante la época. Para más información, visite: http://es.wikipedia.org/wiki/Ortografía_de_Bello. Tipografía recomendada: Typewriter New Roman *PENDIENTES*: - Vista de impresión (tipografías i tamaños pero no fondos ni colores) - Número de pájina - Índice - Soporte botón atrás i adelante - ¿Efecto cambio de pájina? - Continuar con la historia. :-P Copyright © 2010, Luis Alejandro González Miranda Imajen de fondo tomada desde: http://christianweb-sites.com/images/old_paper.jpg End of Page
Desperté sobre un pajar en un establo abandonado, vestido con una camisa, chaqueta, pantalón i una boina, todas del mismo color castaño. Ella estaba detrás mío, también recostada sobre la paja, con un vestido blanco mui largo, amplio e imposiblemente ceñido a la cintura. Supe que era ella por la inconfundible cinta con que invariablemente se toma el pelo, i que era lo único a mi alrededor que no era blanco, negro o de una tonalidad sepia.
Esepto que era una niñita pequeña. Cinco años, con suerte. Pronto me di cuenta que yo mismo tenía ocho o nueve años. Aún así, no había cambiado en nada lo que yo sentía por ella; de hecho, al verla sentí una ternura mui especial, la veía tan pequeña i aparentemente tan indefensa, que no pude evitar abrazarla.
En realidad, era yo el que no sabía.
A mi alrededor, el campo se estendía hasta el infinito. No habían peones ni patrones, sólo algunos caballos, perros i aves de corral. En el establo habían algunas herramientas i fardos de cereales, más uno que otro tonel de contenido desconocido.
Detrás del establo había una casa antiquísima, del tiempo de la colonia, en un estado de abandono evidente. La puerta cedió ante mi presencia, dejando ver un muladar de roedores i bicharracos, los cuales huyeron rápidamente. Me cubrí la cara con mi pañuelo i entré.
Sobre una mesa habían unos papeles, viejas cuentas que hablaban de una catástrofe que aniquiló a los patrones de este fundo, i un diario de vida escrito íntegramente en vascuence. De lo poco i nada que entendí, hablaba de las glorias de esta tierra rica i fecunda, i de las consecuencias de la displicencia, la flojera i la mala vida, las que eventualmente gatillaron dicha catástrofe. Además, había una hoja de papel suelta que parecía escrita por una persona emocionalmente atormentada, llena por todas partes de letras "E" i "Z" en un sinnúmero de tipografías, i sobre ellas una súplica lapidaria:
Lo único que encontré escrito en castellano fue un documento legal... que nos cedía a mí i a ella la propiedad de este fundo. Un terreno de absurdas proporciones, abandonado a su suerte i que nosotros, hoi dos niños pequeños sin dinero ni jente en quién confiar, no podríamos aprovechar sino dentro de más de cien años.
Quise decirle sobre lo que encontré sobre esa mesa, pero ella no quería despertar. Su siesta se me hizo interminable. Cojí unas frutas de un árbol, las lavé con agua de un pozo i me las comí. Dormí un rato, me levanté, salí a pasear por el campo, dormí otro poco, desperté, i ella seguía durmiendo. No quería despertarla, pero ya no pude más cuando me di cuenta que ella no estaba durmiendo.
Estaba llorando.
No me quiso decir nada. De hecho, no levantó su rostro en un buen rato. Después se calmó un poco, pero luego me miró por unos segundos e inmediatamente rompió a llorar.
I lloraba a mares. Me preocupaba, inmediatamente pensé que era mi culpa. Quise hablarle, pero se levantó i salió corriendo. La seguí tan rápido como pude, pero ella era más rápida que yo.
Acto seguido, caminó de vuelta, cabizcaja. De repente se detenía, pero luego seguía, como a regañadientes. Al final se detuvo frente a mí.
La miré por un momento para asimilar sus palabras en forma más profunda.
Ella volvió a bajar la cabeza.
Palidecí ante esa confesión. Frente a frente, me decía una verdad que ciertamente yo no quería aceptar.
I me sentí mal por ello. Quería llorar.
Cuando me dijo eso, me puse de rodillas i lloré amargamente.
Dicho esto, ella se desplomó en el pasto, i sollozó espasmódicamente, con los ojos abiertos de par en par i una espresión de horror indescriptible. Me dio mucho miedo verla así.
Yo ya no podía más llorar. Estaba agotado i sólo atiné a mirarla.
Ella se veía relativamente más serena ahora, pero aún tenía una espresión mui triste en su rostro.
Sólo atiné a acariciar su pelo. Ahora ella se mostraba aceptante, serena, racional, pero yo tenía miedo de que cambiara de opinión i terminara por rechazarme. Decidí ir despacio, respetando su espacio.
De todos modos, cuando ya se estaba haciendo de noche i nos incorporamos para irnos a dormir, no pude evitar darle un fuerte i largo abrazo. No opuso resistencia.
Desperté con un ánimo estremadamente inusual en mí. La casa estaba hecha un desastre, i no quería seguir durmiendo en el establo. La paja era cómoda, pero yo le tenía miedo a las arañas del trigo.
El primer lugar que limpié fue la cocina. Desde luego, no había ningún rastro de comida, pero sí mucho estiércol de roedor. Cuando ella despertó, la cocina era un espejo.
Acto seguido, se fue a buscar huevos i otros materiales. Yo me dediqué a limpiar la sala de estar i el comedor. Después comimos tortilla, i ella se dedicó a lavar ropa mientras yo limpiaba el resto de las habitaciones.
Nos tardamos todo el día en dejar una cama i un dormitorio habitables. Comimos algo más i nos fuimos a dormir en cuanto atardeció, agotadísimos. Dormimos juntos en una cama que efectivamente parecía una cuna. Aunque eramos unos niños pequeños, nunca en mi vida me había sentido tan feliz como esa noche.
Cuando desperté, ella estaba leyendo los cuadernos i el diario de vida.
La quedé mirando con asombro.
Yo me puse a trabajar de inmediato con los recursos que teníamos. Ella se dedicaba a dibujar, leer, tocar música en un piano i, por supuesto, cocinar. Los estándares de hijiene i limpieza en 1860 no son los mismos que en el siglo XXI, aunque contábamos con agua de una fuente que nos abastecía. Comida había mucha, pero en poca variedad, así que ella debía ser injeniosa para producir algo a su altura.
En realidad, a mí no me importaban mucho mis propios planes i proyectos personales, no tanto como cuando estaba solo. Ahora lo único que realmente me importaba era ella; aunque trataba de no fastidiarla, sólo quería estar con ella i espresarle lo que yo sentía.
EOT